Viaje a Londres,
10 de junio a 17 de junio de 2010
Quedamos en el aeropuerto de Barajas, terminal T4 a las 10,30 de la mañana el jueves día 10 de junio. Empieza el viaje, aunque nos toca esperar más de lo normal. Nos dicen que hay huelga de controladores y el viaje previsto a la 13,40 da comienzo un par de horas más tarde. Las medidas de seguridad hacen que nos quitemos las botas y cacheen a más de uno de nuestros compañeros.
Por fin vamos a despegar; el viaje se hace corto, por lo visto los vientos ayudan al avión y esta previsto llegar veinte minutos antes; miramos por la ventanilla y vemos como se alejan las casas. En todo momento estamos informados de la situación del avión. Las pantallas avisan por donde estamos pasando. Nos dan un refresco y un bollito, no nos lo esperábamos, las últimas veces que hemos viajado en avión había que pagar el refresco o el bocata. Tenemos hambre, así que nos viene estupendamente. Hemos llegado. Recogemos nuestras maletas. Nos están esperando para llevarnos al hotel, nuestra guía y el conductor del autobús también han sufrido la huelga de los controladores...
El trayecto del aeropuerto de Heathrow al hotel dura aproximadamente una hora; hay tráfico en Londres y se hace raro ir por el carril contrario. La guía nos explica algo de la historia de la ciudad que se había incendiado en el 1666 y un setenta y cinco por ciento de Londres había ardido. La ciudad tuvo que ser reconstruida. Pocas cosas se salvaron de la quema. También, en la segunda Guerra Mundial, Londres fue bombardeada y destruida en gran parte, por lo que la mayoría de los edificios son bastante modernos. Llegamos al hotel y esperamos para que nos dieran las tarjetas de la habitación. Una vez en nuestro poder, subimos para dejar las maletas. Estamos cansados. El viaje ha sido bastante pesado y teníamos hambre.
Quedamos para la cena y nos pasó algo raro; por lo que pudimos comprobar en días sucesivos, cenamos bastante bien. Los encargados del restaurante aún no nos debían de haber ubicado por lo que el segundo plato fue tipo buffet y cada uno se sirvió lo que quiso, había un pollo al curri riquísimo digno de ser mencionado. Esto ftie la excepción que confirma la regla, ya que, únicamente ese día, cenamos tan bien, los restantes días no se podía elegir.
Después de la cena, reunión para ver las excursiones que íbamos a hacer aparte de las que ya traía el viaje, decidimos un paseo en barco por el Támesis y una visita al Palacio de Windsor y a las piedras milenarias de Stonehenge.
El viernes 11, quedamos donde los autobuses a las 8,30 ya desayunados. Para nosotros es algo pronto, pero hacemos un esfuerzo. Tocaba visitar, con guía, los sitios más emblemáticos de Londres. Pronto descubrimos una ciudad llena de elefantitos de colores, una variante de nuestras vacas de hace unos meses en Madrid. Vimos el Puente de la Torre, mientras la guía nos volvió a contar el incendio de Londres. También nos contó que Londres tiene muchos barrios y que a la originaria le llaman la City, cada vez que se va a salir o entrar de la City, hay unos dragones señalándolo. La visita guiada terminó. Era la hora de la comida y nos dirigimos al Covent Garden donde hay puestos donde venden comida y fruta. Tuvimos tiempo libre para comer y vimos las diferentes atracciones de músicos y equilibristas callejeros, también hicimos las primeras compras por Londres. Continuamos andando y nos dirigimos al barrio chino con el típico decorado de dragones y farolillos rojos. Continuamos camino y recorremos la zona de Picadilly. Los teatros se suceden con los musicales en las
carteleras. Seguimos andando hasta llegar al hotel. Estábamos contentos pues el día nos había cundido bastante y nos había gustado todo lo que habíamos visto. Una ducha y la cena es lo que nos quedaba para completar éste día tan agradable.
Sábado 12. Teníamos que estar a las 8 de la mañana, ya desayunados y listos, para salir de Londres, íbamos a ir a Windsor, Salisbury y Stonehenge. El trayecto a Windsor duraba aproximadamente dos horas, sin contar con el tráfico de Londres. La guía nos volvió a contar de nuevo el incendio de Londres, creo que ya me lo he aprendido, fue en 1666.
El Castillo de Windsor es inmenso. El autobús nos dejó en el pueblo y caminamos para ir a verlo. Entramos dentro de los muros. Es muy espacioso; una banda toca dentro del recinto; el foso se ha convertido en un jardín precioso. Tuvimos una decepción, no se podía visitar por dentro, nos tenemos que contentar con una casita de muñecas que reproduce las habitaciones del palacio, nos contaron que sale agua por los diminutos grifos y que todo funciona como si fuera de verdad. Regresamos al autobús para ir a ver Salisbury, una vez allí una comida "práctica" en los jardines de la catedral. La guía nos había dicho que la comida debía de ser algo práctico unas cuantas veces. Terminó el tiempo que nos habían dado para comer y regresamos al autobús. No visitamos la catedral por dentro, sale algo caro, sólo hemos ido a la tienda y al claustro de la catedral. Llegamos donde las piedras milenarias de Stonehenge; son enormes; están rodeadas de césped, nos tumbamos un rato, es una sensación agradable, algunos dicen que estas piedras dan energía, y nosotros necesitábamos un café que nos tomamos en una cafetería cercana.
Son las cuatro de la tarde, el autobús se dispone a llevarnos al hotel de regreso, nos quedaban dos horas de viaje por delante. Llegamos a las 6 al hotel, hora de llegada prevista a pesar del atasco de Londres y de ir dejando a unos pocos excursionistas en sus hoteles ya que nosotros éramos los últimos. La cena y la reunión completan el día.
Domingo 13. La hora de subir al autobús era las 8,30. Fuimos al British Museum, la guía nos llevó a la parte de Egipto, vemos las momias y los sarcófagos, están excepcionalmente bien conservados. Poco después nos llevan a la Torre de Londres,. castillo y cárcel, callejeamos por dentro donde la guía nos cuénta la leyenda de los cuervos que hay en el castillo. Ésta dijo, que si algún día los cuervos se marcharan, desaparecería la monarquía, por lo que a los pobres cuervos le han cortado las alas para que no puedan volar. Pasamos a ver las Joyas de la Corona que son una colección de coronas y cetros llenos de piedras preciosas con los diamantes más grandes del mundo. Una cinta mecánica hizo que no pudiéramos estacionarnos cerca de las joyas el rato que necesitamos para verlas con detenimiento, por lo que es obligado repetir la experiencia. Fuera, el soldado en la garita estaba impávido, y algún beafeater (en la antigüedad, sirvientes con derecho a comer carne) que contestaba a las preguntas de los visitantes. Por la tarde fuimos al Tate Moderm (Museo de Arte Contemporáneo), donde se exhiben obras de Picasso y de Miró entre otros muchos artistas. A la salida volvemos a recorrer las calles de Londres metiéndonos en alguna de sus peculiares tiendas. Volvimos cansados, han sido tres días muy ajetreados y de mucho madrugón. En la reunión le hacemos un regalito a Antonio, pues ese día era su santo. También se propone que al día siguiente quedemos a las 9,30, para descansar un poco de las prisas de los autobuses y las guías.
Lunes 14. Desayunamos en la cafetería del hotel como todos los días. El desayuno es café, té y leche fría, zumos, mantequilla, mermelada, cereales y naranja y pomelo, con
tostada y bollito de pan, los huevos, las salchichas y el bacón era mediante pago adicional de algo más de cinco libras.
Sobre las 10 de la mañana nos dirigimos al metro de Londres, éramos 14. Con nosotros viene un grupo de Madrid de cuatro personas, Tuvimos suerte ya que por ser un grupo nos rebajaron el precio, todos buscamos las 3,70 libras en la que se nos ha quedado el billete de 5,40. Se armó un poco de lío, pero al final nos encaminamos todos al andén de la estación de Russell Square para ir al Museo de Ciencias Naturales. El edificio es majestuoso. A la entrada tienen el esqueleto de un dinosaurio en tamaño XXXL. Está visto, no me coge en la cámara de fotos, he de partirlo. Me pareció impresionante. También me llamó la atención los niños sentados con sus cuadernos atendiendo las explicaciones del profesor, parecían muy aplicados. Una estatua de Darwin al fondo, preside la gran sala. Hay toda clase de piedras, fósiles y animales de todo tipo. Subimos a la cafetería y miramos la ciudad desde lo alto.
Ya fuera del museo, nos dirigimos a los almacenes Harrod's, visita obligada cuando se va a Londres, son muy representativos y son algo ostentosos con una decoración muy abigarrada. La comida en lugar de estar en puestos estaba en vitrinas con adornos vistosos. Algunos compramos allí un souvenir.
Fuimos a comer a Hyde Park, la comida la comprábamos en los puestos callejeros o en los supermercados. Solía consistir en sanwiches o bocadillos, y bebida. Por todos sitios venden comida para un almuerzo "eminentemente práctico".
Después de comer dimos una vuelta por uno de los parques más grandes de Londres. Lucía y yo nos dirigimos a una rosaleda, allí nos empezó a llover. Por fin abrí el paraguas que he estado llevando en el bolso durante todos estos días en Londres. Que curiosamente no nos había llovido, sólo en esta ocasión y no duró más de veinte minutos. Vimos el gran lago lleno de patos, unas hamacas vacías llaman nuestra atención, nos dan ganas de tumbarnos un rato en ellas, pero suponemos que será previo pago de unas cuantas libras, eso es Londres. Regresamos al punto de encuentro y nos dirigimos a dar una vuelta por el Támesis. Los elefantitos están por todo Londres dando una nota desenfadada a una ciudad que es algo gris pero muy pintoresca. El paseo en barco es muy agradable, en un punto determinado somos los únicos que hemos quedado, al volver nos dejan en una parada para coger el autobús de dos plantas que son tan típicos en Londres. De regreso hemos paseado por algunos barrios tan famosos como Notting Hill, típico barrio londinense que ha salido en alguna película, las casas con un piso por debajo son las más representativas. Ya en el hotel descansamos. La cena y la reunión para el día siguiente acabó con la agotadora jornada. Las cenas no eran demasiado buenas, una sopa de sobre y una carne dura con algo de salsa acompañado de unas judías de lata puestas en el plato tal cual. Lo único que se salvaba eran las patatas como acompañamiento y a veces el postre. Este, nunca era fruta, la mayoría de las veces era tarta o una bola de helado con unos melocotones en almíbar. Pero normalmente teníamos tanta hambre después de la paliza del día que nos lo comíamos todo sin rechistar.
Martes día 15. Salimos sobre las l0h. Hemos organizado el pago del metro en el hotel, esperamos tener menos lío que el día anterior. Vamos al centro de Londres, queremos ver el palacio de Buckingham residencia oficial de la reina durante seis meses al año, la otra residencia ya la habíamos visto, pues era el Palacio de Windsor, atravesamos el Parque de San James, seguimos paseando llegamos a la abadía de Westminster, es impresionante, mientras algunos aprovechamos para ir al servicio, que, comúnmente cuesta 50 peniques, otros hacían shopping en la tienda de la abadía. Comimos y nos dirigimos a Portobello, barrio famoso por los chiringuitos y tiendas. Yo regresé al hotel
pues he quedado allí para ir a ver el maravilloso musical de Los Miserables. El resto del grupo se queda en Portobello ya que aún era pronto para regresar. A la salida de la representación, que nos ha entusiasmado, paseamos por Picadilly, por el Soho y West End ya de noche y entramos en alguna tienda, así como en un lugar donde vendían yogures casi helados y los acompañaban con cosas muy ricas, teníamos hambre y nos encantó el sitio. Utilizamos el metro para volver. Era ya tarde y había sido un día lleno de emociones.
Miércoles día 16. Desayunamos y nos disponemos a marchar del hotel, esta vez también vamos en el metro, el destino es Candem Town, un barrio de Londres lleno de tiendas de todo tipo. Hoy es el día de las compras y no hay sitio mejor ni más pintoresco. Una calle llena de regalos típicos de Londres a ambos lados, tiendas de camisetas con un colorido y movimiento por ruido, una tienda con todo fluorescente y muy moderna (Cyberdog). Al fondo puestecillos de comida de todos los sitios imaginables, india, italia, china.... Unos canales dividen la zona de tiendas y la zona de comidas. Al fondo unas antiguas caballerizas, el Stable Candem Town, reconvertidas en tiendas con multitud de esculturas de caballos por todos lados. Recorrimos la calle varias veces y nos decidimos unas cuantas en comer algo más consistente que unos sandwiches. Nos metimos en un físh and chip para comprar nuestro almuerzo que nos llevamos a la zona de las comidas, allí, unos asientos imitando unas motos, son los que nos sirven para descansar de tanto shopping y dar cuenta del pescado y las patatas. Otros degustan platos de distintos sitios. Nos juntamos para volver al hotel. Esta noche es la del amigo invisible y los disfraces y hay que prepararse.
La cena transcurre como siempre, no arrancamos ni siquiera una sonrisa al encargado de las mesas, todo lo contrarío parecen molestos cuando inflamos unos globos y jugamos con ellos. A los postres intercambiamos regalos. Subimos corriendo a cambiarnos pues íbamos a ir a ver Londres iluminado. Paloma y Antonio no se cambiaron, y fueron disfrazados todo el tiempo, estaban guapísimos los dos. Lo curioso es que no despertaban demasiada expectación pese a sus vistosos disfraces. En Londres apagan las luces de los edificios a las 11,15 de la noche, por lo que tuvimos que darnos prisa, lo más espectacular era la esfera del Big Ben y la noria gigante que seguía dando vueltas.
Jueves 17. Quedábamos a las 10,30 para ir al Museo Británico, éste estaba cerca del hotel, apenas a dos manzanas. Los museos a los que hemos ido son gratis, sin embargo las iglesias y las catedrales hay que pagar por verlas y no son nada baratas, unas 15 libras, que al cambio deben ser 20 euros. Tenemos dos horas para recorrerlo. Nos metemos en el área china y vemos pagodas, budas, casas de bambú y artesanía oriental... Volvemos a ir a las momias de Egipto ya que la primera vez con la guía había sido demasiado rápido. Recorremos el museo y bajamos a sentarnos a las escaleras de la entrada.
La comida la realizamos en el parque que tenemos cerca del hotel. Ya no nos queda nada, tomar un café y recoger las maletas que hemos dejado por la mañana en la consigna del hotel. Nos vienen a buscar a las 16,40 y hemos de atravesar un Londres con tráfico. Miramos por la ventanilla del autocar y nos despedimos. Ha sido un viaje inolvidable.
M. Carmen Leal


