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Relaciones entre el ciclo del agua y el clima mundial

Lunes, 08 de Febrero de 2010 10:21 Aldo E Zanetta

Hace ya mucho tiempo que el ciclo del agua hace correr mucha tinta. Faceta esencial de la vida en nuestro planeta, el constante intercambio de agua en la hidrosfera -evaporación, precipitaciones y cursos de agua- moviliza y fascina a los investigadores. Durante mucho tiempo solo la parte terrestre de este ciclo había interesado a los especialistas. Pero hoy en día, en un momento en que se intenta optimizar los métodos de irrigación y de explotación de las aguas, la parte atmosférica conoce también su hora de gloria. Si las interacciones entre las ramas atmosférica y terrestre de la hidrosfera permiten mantener un estado de cuasi equilibrio del sistema climático, la dinámica del ciclo del agua, en contrapartida, esta asegurada por la circulación atmosférica general.

La Tierra no es un planeta como otro cualquiera del sistema solar. Que sepamos, es el único en que se ha desarrollado la vida. La razón fundamental de esta originalidad es su posición con respecto al Sol. Esta posición determina de un modo preciso el clima de nuestro planeta, un clima que ha sido propicio a la emergencia de la vida. Pero dicho clima es el resultado de un equilibrio constantemente reajustado entre el agua, la atmósfera y la energía del Sol. La energía solar, que permite mantener las masas de agua en movimiento entre la tierra, el mar y la atmósfera, hace de motor del ciclo del agua. Vemos así aparecer el estrecho vínculo existente entre el clima terrestre y el ciclo del agua.

En la Tierra, el agua está presente bajo todas sus formas: líquido, hielo o vapor. Está distribuida en cinco reservas interconectadas cuyo conjunto constituye la hidrosfera. El mar es la más importante de estas reservas, seguida por los depósitos de hielo o de nieve, las aguas terrestres, la

atmósfera y por ultimo la biosfera. Con mayor precisión, el mar contiene 1350 x 1015 m3 de agua, es decir, el 97% de toda el agua contenida en la hidrosfera. Los continentes poseen 33,6 x 1015 m3, principalmente localizados en los hielos árticos y antárticos. La atmósfera alberga sólo una cienmilésima parte del contenido en agua del sistema climático: 0,013 x 1015 m3. Es posible que el examen de esta cifra provoque una cierta sorpresa. La abundancia de las precipitaciones, así como su influencia sobre el clima y ios recursos hidrológicos, no parece guardar proporción con la cantidad mínima de agua presente en la atmósfera en un momento dado.

En los continentes, el agua se distribuye entre distintas reservas, la más importante de las cuales, y de lejos, está formada por los glaciares (25 x 1015 m3) que totalizan cerca del 1,8% de la hidrosfera; vienen a continuación las aguas superficiales (8,4 x 1015 m3), los lagos y los ríos (0,2 x 1015 m3) finalmente la materia viva de la biosfera (0,0006 x 1015 m3. En los yacimientos formados por las aguas subterráneas, las aguas que empapan los suelos (baldosa) no representan más que 0,066 x 1015 m3. El resto está distribuido casi uniformemente entre depósitos de profundidad menor o igual a 800 metros.

Estos yacimientos son objeto de incesantes transferencias de grandes cantidades de agua dentro del sistema climático. Todos tenemos una noción intuitiva del ciclo del agua, al menos de sus líneas maestras: evaporación, precipitación, cursos de agua. Todo viene del mar y todo vuelve al mar de un modo u otro. El tiempo de permanencia del agua en cada tipo de reserva puede calcularse a partir de la cantidad de agua presente en dicha reserva y de su velocidad de acumulación o desaparición. En la atmósfera, el tiempo de permanencia es de unos nueve días; en los hielos polares y en el mar, en cambio, es de varios miles de años.

Fuente: Relaciones entre el ciclo del agua y el clima mundial I Científicos