¡Qué bello es vivir!
Y por qué ha de ser negra la vida.
Tras el verano, no es verdad que venga el invierno, viene el casi siempre apacible otoño, que poco a poco, nos va acostumbrando con placidez al frío invernal.
Placidez que cada año es menor por la incidencia de los mas-media en vendernos un frío y "cada vez" más lluvioso otoño como prueba irrefutable de un cambio climático inminente que es lo que mola.
En fin, a pesar de todo, entre verano e invierno, siempre hay un otoño intermedio, mucho mejor que el invierno.
Cada estación trae 13 domingos, con sus correspondientes sábados y si les añadimos vacaciones, encontramos sosiego.
El coche o los transportes, la casa y sus comodidades, los libros, la música, internet, el cine, el teatro y los espectáculos nos ayudan a sobrellevar el trabajo, que no es un castigo y nos permite gozar de la vida.
Si te gusta el deporte puedes hacerlo siempre que no estés o seas lisiado.
En ese caso, puedes seguirlo por televisión.
Para bailar y/o cantar puedes acercarte a un karaoke.
Aunque parece que los placeres intelectuales son los más duraderos, tampoco los sexuales son mancos, de un buen polvo tuvimos a Albert Einstein, y también a Juan Pablo II.
Bueno en realidad no los tuvimos nosotros, fue su madre con la colaboración del padre.
También existen otros placeres, como por ejemplo, el de la lengua, y el de la nariz. No me miren ustedes así
Con la lengua se degusta un buen cordero, y con la nariz se disfruta de un fino oloroso, Y todo lo demás. Aquí dejo rienda suelta a sus calenturientas y juveniles imaginaciones.
Cuando quieran continuamos.
Es bello vivir y acudir asiduamente aquí los martes y disfrutar del placer de conocer en vivo y de primera mano las creaciones de mis compañeros y sin embargo amigos... todos vosotros.
Madrid a 24 de noviembre de 2009
Luis Abad


