El sexo de los ángeles
Hace tiempo que tengo pendiente algo, que permanece pegado a la punta chorreante de tinta azul de mi boli. Es un tema que surgió un día bastante espontáneamente y que aún me llama a que lo lleve al papel finalmente.
Se me ocurrió la idea peregrina de que tenia que escribir extensamente "sobra el sexo de los ángeles".
Hay algo fácil de entender y es que los ángeles son en todas sus cosas superiores a nosotros. Y el sexo tiene que ser por lo tanto una de ellas. Los ángeles, no me preguntes cómo, tienen los dos sexos.
Esto es difícil de ver en los angelotes de los cuadros de Murillo, volátiles y rollizos, pero no en la imaginería moderna de ángeles estilizados, siempre andróginos con rostro perfectamente definido como ni femenino ni masculino; los ángeles bisexuados.
Pero como la sanguijuela o la lombriz de tierra, también hermafroditas, a pesar de gozar de los dos sexos, los ángeles no pueden autoreproducirse sino que necesitan el concurso de otro individuo de su clase (es una pena que solo se relacionen intensamente con sus iguales).
Esto de la reproducción nos confunde, tanto como nos confunde el hecho de que sus huesos deberían estar completamente huecos para que sus alas pudieran soportar el peso de su cuerpo.
Ante todo, hay quienes defienden y defenderán que los ángeles están por encima de las necesidades de procreación de los humanos y por tanto no tienen ningún sexo y no lo necesitan para ser perfectos.
Esto a mi siempre me lleva a acordarme de un personaje de cómic que aparecía en la colección de Los Cuatro Fantásticos. Su nombre era Estela Plateada y cabalgaba en una tabla de surf voladora. Su cuerpo reluciente estaba recubierto de una capa de un material desconocido, era completamente clavo y entre sus piernas no había nada. Era el heraldo de una especie de dios galáctico que iba por ahí comiéndose planetas y al parecer él se alimentaba de pura energía. No tenía alas, terna su tabla.
Estela Plateada, a pesar de su presencia majestuosa, era un personaje de lo más trágico y lastimoso: como imagen de ángel producía una enorme sensación de carencia y trasmitía navegar en la impotencia más profunda. Algo le faltaba, algo esencial.
El caso es que un ángel no se debe permitir ser más desgraciado de lo que le conviene y la felicidad es bastante complicada de mantener sin una dosis puntual de buen sexo.
Los ángeles deben ser el eslabón entre el humano y su dios, así que deben participar de las potencias divinas y de las debilidades y necesidades humanas.
Los ángeles se encuentran no pocas veces entre nosotros.
No es una barbaridad señalar que cuando se te aparece uno, aparte de un sentimiento de mística plenitud provoca también una excitación sexual particularmente intensa Y ésto ocurre tanto en hombres como en mujeres. No solamente bajan ellos —algunos se quedan— para salvarte de un peligro terrible, sino también de vez en cuando para enseñarte la esencia verdadera de las cosas.
Entonces, aceptada la hipótesis de la andrógina ¿cómo puede tener el cuerpo de un ángel humano los dos sexos? ¿dónde se colocan, arriba, debajo? ¿no tendría que desplazarse todo el tema para que cupiera todo? ¿miccionarían con dos chorros a la vez de trayectorias divergentes? ¿o es que tal vez el clítoris femenino se desarrollaría en pene para evitar molestas salpicaduras? El tema es complejo porque, por ejemplo el caso de que todo estuviera por debajo de la epidermis, solución muy recatada, nos plantearía también multitud de variaciones.
El sexo de los ángeles, señoras y señores, es una maravilla. Un ángel sin sexo(s) sería una cosa muy sosa y ya ves si nos podría ser al fin de gran ayuda. ,
J.L.


